EN MEMORIA DE ALBERTO ALONSO
Mientras la mayoría de los cubanos festejábamos el inicio del nuevo año, al otro lado del mar, Alberto Alonso nos hacía la última de sus ocurrencias, una broma negra, ¡se nos moría!
Este hombre, que fue el primer bailarín profesional cubano junto a Delfina Pérez Gurri en las legendarias filas del Ballet Ruso de Montecarlo, y más tarde devino uno de los fundadores de la Escuela cubana de Ballet, era -- y así lo recordaré siempre -- un criollo cabal que sabía degustar cada situación, aún las abversas, con el más agudo sentido del humor.
En los días posteriores a su fallecimiento mucho se ha hablado sobre él en el mundo del Ballet de la vida y la obra del más grande coreógrafo cubano de todos los tiempos aunque lamentablemente, la prensa y los espacios culturales cubanos no le han dedicado el lugar que su personalidad merece.
Desde Antes del Alba a Carmen, pasando por El solar, su producción coreográfica es todo un paradigma de este área del arte de la Danza. No quiero detenerme en su obra, que es merecedora del más detallado estudio. Deseo referieme a un sitio poco alumbrado de su labor que considero decisivo en su trayectoria de vida: el malogrado proyecto del Conjunto Nacional de Especáculos. El sueño de crear una compañía donde se conjugaran la técnica clásica, la moderna y los bailes folclóricos y populares cubanos. En definitiva algo con las mismas esencias de lo que fue toda su obra.
Lo cierto fue que, ya radicado el el teatro Karl Marx, tras una existencia relativamente breve, el plan de Alberto -- incomprensiones y presupuestos más o menos -- se derrumbó asestándole al coreógrafo un fuerte golpe del que sus sueños nunca se recuperaron.
El Conjunto se convirtió en otra cosa, la mayor parte de los bailarines se dispersó y lo cierto es que aún hoy no contamos con algo que siquiera se acerque a lo que visionó el Maestro.
En tiempos en que la coreografía cubana languidece, cuando varias voces importantes se alejaron o han enmudecido por una causa u otra, retomar el pensamiento estético de Alberto Alonso puede ser un camino interesante e identificador para quienes intenten adentrarse por los senderos de este arte.
El Maestro Alberto Alonso ha muerto. Su obra vive y lo hará por mucho tiempo.


