Ha muerto el maestro Tajonera.
La noticia, como casi todas las desgracias, me llegó de repente: en La Habana acaba de fallecer el Doctor Orlando Suárez Tajonera, el profesor de Estética de todos nosotros, el maestro y amigo, esa persona excelente.
Lo conocí en las aulas de la Escuela Nacional de Arte en 1975, cuando aún no existía el Instituto Superior de Arte, mientras impartía un curso de Estética para un grupo de periodistas y profesores de esa disciplina. Entre los alumnos estábamos, entre otros, Juan AntonioPola, Soledad Cruz, Omar Vázquez y Sadi Caballero.
Desde los primeros momentos, me impresionó por su sólida cultura, su forma de abordar los problemas teóricos con conocimiento de los problemas de la práctica y, sobre todo, por la sencillez de su discurso, que no por ello dejaba de ser muy profundo. Ya, entonces, era todo un erudito pero no blasonaba de ello, todo lo contrario, en ocasiones parecía disculparse por ser dueño de tan enorme saber.
Curiosamente y por uno de esos absurdos de la burocracia, aún no había podido acceder al título de Doctor. Lo habría de lograr años más tarde, en la Universidad Lomonosov, durante una de sus estancias en la antigua Unión Soviética.
Disfrutaba aquellos viajes y la ciudad de Moscú, su cultura e historia, el teatro Bolshoi y la figura ideal de Maia Plisetskaia, la leyenda de Stanislavski, el Teatro de Arte de Moscú y del gran Vladímir Visotski, sus visitas al Museo Puschkin y la Galería Tretiakov.
Pero el encuentro con otras culturas no lo alejó nunca de su natal Guanabacoa, ciudad que amaba entrañablemente. Su gente, sus construcciones, la cultura local eran temas comunes en sus conversaciones. Los grandes artistas de la villa: Lecuona, Bola de Nieve, Rita Montaner, sobre quienes conocía muchas y deliciosas anécdotas.
Pero ahora Tajonera, como le decíamos todos, el maestro, se nos ha ido y ya no tendremos a quien preguntarle aquello que aún no sabemos, quien nos revise discretamente nuestras tesis y ensayos para señalarnos, con tono paternal, como si él fuera el equivocado, el error oculto o aquello que podríamos mejorar pero, sobre todo, sugerirnos la manera de expresar de forma sencilla las ideas más complejas, lo que fue, en definitiva, su gran lección.
Nos queda la satisfacción de que el Instituto Superior de Arte, nuestra universidad, le entregara en fecha reciente el alto título de Profesor de Mérito, y el pasado año, el Ministerio de Cultura, le concediera el importante Premio Nacional de Enseñanza Artística.
En Ciudad del Carmen, 13 de junio de 2088.

